Leonera – Punta Hermandad

Marmolejo

24 diciembre, 2016 Comments (0) ALTA MONTAÑA, MONTAÑISMO, Relatos

Cerro Gloria

8, 9 y 10 de Octubre del 2016. Altitud 4479 m. IGM

 

Dager Borvarán y Tamara Rivera (encargados de salida)

Gastón Fuentes y Alonso Fernández

Diana Cid y Magdalena Gómez

Gabriela Anríquez y Stephano Novani

Maximiliano García y Andrés Retamal

Kevin Lee, Orlando Solís y Valentina Araneda

Elizabeth Mejías y Nicolás Villar

Martina Monckeberg e Ignacio Villagra

Arturo Alvéstegui y Ariel Alvéstegui

 

 

La salida de Octubre de la rama fue planificada hacia el Cerro Gloria, el cual queda  en la quinta Región, por el camino que va hacia el paso los Libertadores. Desde las semanas anteriores se estuvo planificando esta expedición a cargo del Dager y la Tamara. Esta fue la primera salida preparatoria para el objetivo de ir al Marmolejo a final de año.

En los entrenamientos, el Mati fue comentando que sería una salida exigente, pues el año 2012 había subido un grupo de la Rama y se hablaba de una jornada larga, de unas trece horas para llegar a la cumbre.

 

Bueno, llegó el sábado 8 de octubre, primer día del fin de semana largo, y nos juntamos, como de costumbre, con una puntualidad relativa a las 7:45 en Plaza Italia para comenzar esta aventura. El Stephano y la Diana se habían ofrecido como encargados de transporte, y coordinaron excelentemente los 4 autos en que partimos rumbo a Los Andes una mañana un poco nublada.

Tras un par de horas nos encontramos en el Puente el Peñón, entre el segundo y el tercer túnel luego del peaje. La descripción de la ruta que habíamos visto decía que era un poco antes, pero todos asumimos la idea que sería más allá y nos fuimos reuniendo junto al estero, mientras uno de los autos fue a dar aviso al retén del paso fronterizo.

La entrada hasta donde dejamos los autos no era tan fácil, sobre todo para los autos más bajos, que hicieron todo un rally para llegar al inicio del sendero. El esfuerzo valió la pena porque avanzamos unos 300 mt. de desnivel y varios kilómetros de un camino sinuoso de tierra hasta el fin del camino de autos, justo a un costado de algo que parecía una central hidroeléctrica a medio terminar.

Alistamos nuestras mochilas, hicimos una suerte de segundo desayuno y nos dispusimos a partir para cuando llegaran los chicos que habían ido a dar aviso. Hubo un momento de duda si acaso lograrían llegar arriba, así que fue una buena sorpresa verlos venir por la subida pedregosa.

Entre una cosa y otra empezamos a caminar como a las 12 y media, por un sendero bien marcado, justo cruzando un brazo del estero, por un planchón pequeño de nieve.  A la bajada nos percatamos que tenía solo unos pocos centímetros de espesor, pero como dice el dicho: el que nada sabe, nada teme. Continuamos por la ruta, a ratos clara y a ratos difusa por las huellas de animales. A nuestros pies se veían pasar múltiples tipos de flores y plantitas. Huilles, cilantro cordillerano y algunos bulbos daban color y un aroma agradable al mediodía.  De fondo empezábamos a ver un costado del cerro Gloria, caminando siempre al lado oeste del agua, hasta que nos aproximamos a las cascadas que caían al fondo del pequeño valle.

Ahí encontramos un lugar para cruzar, con un pequeño salto, y empezamos a buscar cuál sería la quebrada para empezar a ascender al primer portezuelo. El primer intento resultó no ser el correcto, porque la ruta terminaba de manera abrupta unos metros más allá. Esto nos dio una pausa para almorzar, mientras la Tami y el Nico fueron a la segunda cuesta, que resultó ser la indicada.

El camino subía de forma zigzagueante hasta llegar a una pequeña planicie por sobre las cascadas, por ahí continuamos por una huella más pequeña, pero indicada por algunos monolitos de piedra. Algunos manchones de nieve empezaron a aparecer a los lados, pero la temperatura estaba cálida y la nieve blanda, por lo que no necesitábamos crampones el día de hoy. Ascendiendo por la nieve vimos ya el cerro Gloria en todo su esplendo, se veía un gran macizo de roca y nieve, con algunas cascadas de hielo en su pared sur.

Ahí también pudimos observar el lugar donde haríamos el primer campamento base: era un lugar bastante llano, con espacio para todas las carpas y a resguardo de las caídas de piedras que sonaban junto al paso de los aviones cada cierto tiempo. Llegamos temprano, como a las 4 de la tarde y nos instalamos con calma, se decidió hacer un círculo con las carpas para que hacer más ambiente de grupo. Fue una armada relajada, no teníamos apuro con la hora e incluso había una pequeña vega de donde poder sacar agua fresca. Estuvimos solos en el lugar hasta que del fondo vimos llegar a dos montañistas que hicieron campamento un poco más arriba. Al día siguiente supimos que los vecinos iban rumbo a la cumbre hermana, el Glorieta.

Los encargados nos reunieron a todos para planificar la partida al día siguiente. La hora de salida se fijó a las 3 de la mañana, para alcanzar holgadamente a la cumbre antes de las 12 y de vuelta al CB con luz.

Dia 2

El segundo comenzó de manera especial, pues la mayoría de las cordadas habían fijado su despertador a las 2 de la mañana, para estar holgados y salir a las 3 de forma conjunta. Lo que pasó ese día fue inexplicable, por alguna razón el reloj de dos personas se reajustó y sonó a la una de la mañana, una hora antes que fuera necesario. Quienes habían despertado se vieron sorprendidos de ser los únicos en movimiento y empezaron a despertar a las otras cordadas. En eso se pudo escuchar el grito desde una carpa que hizo volver todo a la normalidad: “¡No son las dos, son las una de la mañana, vuelvan a dormir!”

La segunda despertada fue entonces como de costumbre, con un poco de sueño aun, todos empezaron a ponerse en pie y a preparar las mochilas y crampones para la jornada cumbrera. No había luna aquella madrugada, por lo que las únicas luces eran las de las frontales, que al estar encendidas dentro de las carpas parecían pequeñas farolas naranjas a los pies del cerro.

La caminata comenzó a las 3:30, siguiendo al Dager, que iba abriendo ruta, luego a mitad venía la Eli, con otra radio, y al final, la Tami cerrando la fila. El camino partía suave y pasamos por al lado del campamento de los vecinos, luego la ruta se metía a mano derecha por una subida larga, pero con pendiente moderada.

Tras un rato de caminata, algunas cordadas decidieron volver al campamento base. Algunos de ellos habían pasado una mala noche y no se sentían en condiciones para caminar hoy.

Una vez llegados al portezuelo, empezó a correr un fuerte viento helado, que heló especialmente la cara y las manos de los que estábamos menos preparados para el frío. Este cambio de temperatura se debía a que ya estaba por amanecer, estaban saliendo las primeras luces del alba y se empezaba a iluminar el camino hacia el cerro Gloria. El viento hacía que fuera difícil ponerse bloqueador, y algunos decidieron no sacarse los guantes por el frío… a la tarde quedaron a la vista las quemaduras del sol en sus caras. Justo cuando hicimos la pausa, una cordada se encontraba algo afectada por la altura y decidieron bajar también, esta vez llevando una radio para comunicarse.

El frío nos hizo entrar en movimiento nuevamente, esta vez el camino subía por una meseta que empezaba a rodear el cerro Gloria para ver su cara norte, donde empezaba la canaleta que llevaba a la cima cumbrera. Cuando nos dimos cuenta cuál era la canaleta, recuerdo que hubo un sentimiento generalizado de ánimo y nos dimos motivación para lo último que quedaba, pues sentíamos que quedaba poco para la cumbre.

Empezamos entonces a subir por una canaleta de aprox. 40 grados, que se sentía muy empinada. Para quienes estamos recién ingresando al montañismo -muchos habíamos hecho este año el curso básico- fue una experiencia increíble, fuimos escalando con piolet y crampones en cuatro patas. En esos momentos no podíamos no acordamos de los escaladores del entrenamiento del estadio nacional, el dolor de nuestros gemelos nos hacía dar unas pausas cada algunos metros.

 

Desde que llegamos al filo, ya sabíamos que todos intentaríamos llegar a la cumbre, era temprano, como las 9 de la mañana, así que seguimos adelante, a paso lento pero seguro. Además, en la subida ya se empezaron a sentir algunos síntomas del mal de altura, algunos iban un poco tambaleantes, pero el grupo no se separó mucho. Personalmente sentí un poco de presión en la cabeza en esta subida, pero al llegar a un segundo portezuelo el masticar hojas de coca sirvió para que se detuviera casi completamente.

Desde el filo ya pudimos ver tres puntas del cerro, las dos primeras eran falsas cumbres, y aunque estaban cerca unas de otras, la cumbre debía ser la última. Llegamos los doce que aun estábamos en el grupo, con un lapso de 30 minutos a la cumbre, a eso de las 10-10:30, por lo que aun teníamos tiempo para almorzar, y sacar la foto grupal con calma. La cumbre tenía una vista hermosa y despejada del valle del Aconcagua, desde allí se podía ver perfectamente el cerro Aconcagua, el Juncal, el Alto los leones y la Paloma, entre otros. También dejamos un testimonio de la subida en la caja cumbrera (metálica y se abría con desatornillador).

Empezamos a bajar después de como unos 45 minutos, todos un poco más descansados. Del filo hacia la canaleta estaba sencillo y la nieve estaba firme, sin embargo, al llegar a la canaleta, el descenso se veía bastante empinado y los encargados de salida decidieron que sería mejor bajar ayudados de una cuerda. En primer lugar hicimos en conjunto una “seta de nieve”, que permitía poner una cuerda para bajar haciendo un rapel de vieja escuela (con la cuerda pasando por los brazos abiertos). Luego, en vista de todo el trabajo que implicaba hacer varias setas, se decidió hacer reuniones con piolets, mosquetones y cordines, así fuimos bajando de a uno hasta el final de la cuerda, donde nos agrupábamos y algunos volvían a hacer la reunión para continuar el descenso. Hicimos esto  tres veces, hasta el comienzo de la canaleta, que se unía a un acarreo pequeño. Hacia calor y nos empezábamos a quemar por el sol y el reflejo en la nieve, por lo que esta parte de la bajada se hizo especialmente larga.

Estábamos ya en el descenso de la última cuerda, cuando vimos a los vecinos subir al cerro Glorieta. En un momento nos preocupamos de que estuviesen subiendo recién a mediodía, pero nuestra preocupación desapareció cuando vimos que, en tan solo pocos minutos, habían subido directamente por una pendiente hasta la cumbre. Quedamos sorprendidos en ese momento y sobre todo cuando en la bajada nos alcanzaron con una rápida y hábil técnica de potocross -potoski decían ellos- que los llevó casi directamente a su campamento.

El regreso después se hizo rápido, la nieve estaba un poco más blanda pero valía la pena seguir con crampones. Algunos iban un poco insolados o con síntomas de mal de altura, lo que puede servir para explicar la caída del casco del Gastón, cuando lo dejo apoyado sobre la nieve y cayó muchos metros hacia abajo, por suerte no lejos de donde seguía la ruta.

Llegamos aproximadamente a las 3:30 al campamento base, todos sanos y salvos, a dormir, hidratarnos bien y cocinar. Los que habían bajado antes ya se sentían mejor y nos propusimos salir al día siguiente a las 8.

Día 3

Nos levantamos a eso de las 6:30, dejamos todo limpio, y bajamos a eso de las 8:30 hacia los autos, eso si antes tomamos una foto de grupo con un pie arriba para mostrar nuestra energía.

En el comienzo usamos crampones porque la nieve seguía algo dura, y luego pasamos por la cascada, que formaba una pared de hielo muy bonita y encontramos una cruzada por la nieve, para no tener que saltar nuevamente el riachuelo.

El descenso se hizo rápido, en dos horas estábamos ya en los autos, y el Dager y Andres se adelantaron para avisar de nuevo en el retén que habíamos vuelto.

Bajamos juntos a un puesto de empanadas a hacer el análisis (ya no evaluación) de lo que había sido esta ascensión. La salida se evaluó muy bien, sobre todo por el ambiente de grupo y las buenas decisiones de bajar como cordada, en el caso de quienes se sintieron mal. También se felicitó la unión durante la caminata, a los miembros del curso básico y a los encargados de transporte. Creo que para todos fue un muy buen fin de semana largo, de esos que nadie sabe muy bien por qué fueron feriados, pero que se disfrutó al máximo y nos dio la posibilidad de ir al Cerro Gloria.

Fin del Relato.

Relato: Ariel Alvéstegui

 

 

 

 

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