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Laguna y Glaciar El Morado 2018 (Relato)

25 marzo, 2018 Comments (0) ALTA MONTAÑA, MONTAÑISMO, NOVEDADES, Relatos

Cerro La Paloma

 

CERRO LA PALOMA

8,9 y 10 de DICIEMBRE DE 2017

Relato y Fotos: Gastón Fuentes Soto

Aproximación.

Éramos 16 rameros y rameras, que habíamos acordado juntarnos a las 8 en Cantagallo para partir juntos hacia el Parque Yerba Loca, sin embargo, por algún desfase horario (algo así como un atraso), salimos con ciertos minutos de diferencia respecto a la Van que llevaría a nuestros compañeros y compañeras. Lo cierto es que aproximadamente a las 11 am, luego de haber repartido las radios para mantener la comunicación entre el grupo, comenzamos la marcha bajo el fuerte sol de diciembre, morigerado a ratos por las brisas frescas que ascendían a mediodía día a lo largo del gran cajón de Yerba Loca.

Nos esperaban unas siete horas de marcha por un sendero que en sus casi 17 kilómetros, gana altitud lenta y gradualmente (sólo el escalón final rompe esta tendencia) hasta Piedra Carvajal. La marcha transcurrió por la derecha del Estero de Los Sulfatos, atravesando otros más pequeños que permitían abastecerse de agua. De telón de fondo, el Cerro Altar (aunque mayormente, el Falso Altar). Descansamos en un sector llamado los Hornitos – una hermosa vega al costado del estero – y posteriormente en La Lata, donde nos reunimos todas las cordadas. Estuvimos un buen rato ahí. Ahora nos quedaba llegar a Las Cascadas, que se descolgaban maravillosamente y en gran tamaño desde las rocas superiores. El entorno había cambiado bastante. La vegetación era mínima y el paisaje lo gobernaban las paredes escarpadas de las montañas adyacentes. Luego de cruzar el estero por las rocas, nos montamos en el escalón final para llegar a las morrenas que nos darían una inmediata vista de Piedra Carvajal.

Había bastantes carpas, pues varios grupos aprovechaban este fin de semana largo para intentar ascender la montaña. El campamento – a 3.200 m – se ubicaba el costado de una hermosa Vega que al otro lado tiene la enorme roca que le da el nombre al sector. Nos instalamos a eso de las 6 pm. Por la altura de los cordones cercanos, el sol pronto se escondería tras ellos y haría descender la temperatura. Aprovechamos de ir a buscar agua al otro lado del estero (el cual hay que saltar con bastante energía). Desde allí fue posible vislumbrar La Paloma, que junto con su enorme glaciar, se cubrían de la luz amarilla del atardecer. Me quede observándola un rato, mentalizándome – como seguramente también lo hacía mis compañeros y compañeras de la rama – para una larga y dura jornada al día siguiente.

De vuelta en las carpas, analizamos la ruta (de la cuál teníamos muy buena visión desde el lugar en que estábamos) y llenamos prudentemente nuestros estómagos. A las 8:30 o 9 pm probablemente ya estábamos todos intentando dormir, pues habíamos acordado empezar nuestra jornada a las 3:30 am.

Ascenso y Regreso.

A las 2:30 empezaron los movimientos en las carpas. Como me pareció no ver luces en todas, preferí cerciorarme de que estemos en actividad para cumplir con la hora. En eso me acerco a la carpa de Pablo y Espe, quienes me responden con preocupación que se habían despertado en ese momento, cuando les hablé. Quedaban sólo 20 minutos para salir. Decidieron empezar más tarde para no atrasar al grupo e intentar alcanzarnos en algún sector del cerro. Igual les plantié que los que estábamos listos podíamos ayudarles por último a preparar desayuno mientras arreglaba sus mochilas, pero comprendí que no les parecía correcta esa ayuda y que querían hacerse responsables de la situación en que estaban. Debo confesar que al ponerme en sus pantalones, me imagino la culpa que pudieron haber sentido, considerando que son seres que han hecho harto por la rama.

A las 3:40 am partimos en una bella y silenciosa fila de luces por el costado del estero en dirección hacia la base de los acarreos que deberíamos subir antes de montarnos en el Glaciar del Rincón. Encontramos la zona para cruzarlo, lo que hicimos uno a uno y con cuidado, debido a que las rocas estaban cubiertas de una capa hielo. Luego continuamos por las morrenas a través de una intuitiva ruta, que, con los minutos dejaba ver la silueta del Glaciar la Paloma descolgándose entre las rocas. Apagar las luces a veces daba un mejor panorama de nuestro entorno.

Nos reunimos y comenzamos a subir el acarreo, el cual en algunas partes se encontraba un tanto erosionado. Pasada la primera cuesta, empezaba a aclarar y aparecían los primeros neveros, que hacían necesario ponerse los crampones. Subimos la siguiente morrena, luego traverseamos un nevero y nos montamos en la que nos daría vista directa hacia el Glaciar del Rincón. Desde aquí el grupo se empezó a separar, asumo que principalmente por los ritmos de ese momento, o quizás las distintas aclimataciones previas, pero siempre manteniendo contacto tanto con el campamento como con el otro grupo a través de las radios.

La entrada al glaciar fue muy hermosa. Se veía pétreo, inerte, inmóvil, con suaves montículos de hielo en su superficie. Más adelante la situación cambiaba: se abría una gran extensión de penitentes que debíamos superar para salir del glaciar. No eran tan grandes, pero estaban durísimos y sin duda la quitaban fluidez a la marcha. Esto se veía compensado por la belleza de esas estructuras, tan particulares y simétricas a simple vista. Descansamos en un sector de hielo con rocas, donde nos hidratamos y comimos. En un momento sentimos un poderoso ruido de hielo bajo nuestros pies. Fue un buen recordatorio de andar siempre atento, que ese cuerpo que parecía inmóvil, en verdad está en constante movimiento. La sombra que nos acompañó en todo lo recorrido después del alba, daba paso a la potente luz del sol.

Ahora quedaba recorrer la parte superior del glaciar. Nos dimos cuenta que la salida evidente que estaba arriba, sería muy lenta con los penitentes, por lo que nos planteamos entre el grupo que íbamos adelante, rodearlos por el suelto acarreo del costado. ¡Y sí que estaba suelto! la piedra deslizaba por el hecho de encontrarse sobre el hielo. En un punto vimos una grieta, primero vertical pero que luego se introducía como una cueva en la montaña. Obviamente, subimos de forma de no quedar directamente sobre ella ante una eventual caída (aunque creo que un momento quedé exactamente en su dirección). Arriba había una especia de tapón de rocas.  Ariel decidió bordearlas cuidadosamente  por el acarreo. Por mi parte, vi que ese tapón tenía un verdadero pasillo que con unos gateos me dejaría sobre dicho tapón. Tenía un poco de hielo y había rocas malas, pero con cuidado se salía de él. Por ahí trepé. Seguimos después caminando y bordeando los penitentes y el acarreo, hasta llegar a una morrena en que la vista se abría hacia la antecumbre. Aquí descansamos un buen rato. Se sentían los 4600 metros. Quedaba un largo andar antes de montarnos al filo.

Esperamos a nuestros compañeros, indicándoles la opción del gateo y la opción del borde, misma información que transmitimos por radio al otro grupo que se encontraba en la mitad del glaciar. Nico siguió el gateo, y los demás, Rodrigo, Pablo Corada, Nico y Mati optaron por el borde. Paso a paso y con cautela sortearon esa parte.

Nuestro ritmo ya había menguado bastante. Ahora quedaba ir concentrado en los pasos, en no acelerarse más de lo debido. Eran las 11 am y aun teníamos 2 horas para llegar.

Continuamos la marcha subiendo loma tras loma de acarreo. Nuestras paradas eran más frecuentes y desde ahora parecía que primaba el hecho de ponerle harta cabeza a los que nos quedaba. Hubo ciertos momentos inyectantes. Me imagino que cada uno de nosotros los tuvo. Personalmente, se produjo cuando hacia el noreste apareció el Aconcagua. Además, el sólo hecho de imaginar la belleza del paisaje visto desde la cumbre, con todas las grandes moles en el horizonte, obligaba al cuerpo a moverse.

Llegamos al filo y la cumbre parecía cercana. De viento, sólo una brisa fresca ante ese intenso sol. Nos detuvimos con Ariel para ponernos los crampones, en el punto en que alcanzamos a otra cordada quizás de algún otro club y que habían dormido en el plateau cercano al glaciar. Al igual que nosotros, se veían cansados pero animosos. Seguimos nuestro camino nuevamente por penitentes, los cuales, a pesar de hacer la marcha lenta y agotadora, la tornaba más segura en términos de que una caída sería detenida inmediatamente.

Últimos pasos y… ¿Será la cumbre? El filo parecía seguir hacia otro punto alto a unos 100 metros de distancia, no sin antes bajar unos 40 metros. Con Ariel lo conversamos. Eran las 1:10 pm. Seguimos. Al llegar nos da la impresión que donde estuvimos era más alto. Nos quedamos un par de minutos, descansando. Esos 100 metros fueron particularmente duros. Muy pronto, aparecen Pablo Díaz, Pablo Corada, Nico y Mati en el lugar donde estuvimos con Ariel. Nos pegan un fuerte grito. El GPS de la otra cordada indicaba que esa era la cumbre. Nos devolvimos lo más rápido que pudimos (o sea muy lentamente, digamos que sumado a la altitud, es un tanto tortuoso haber pasado de largo) y allí nos abrazamos los seis. ¡RAMUCH había llegado a la Paloma! Esa hermosa montaña blanca de 4.910 visible incluso desde la ciudad. La vista que se abría ante nuestros ojos era espectacular. Cerca veíamos el Altar, el Plomo, Leonera; y a lo lejos, del Aconcagua al Risopatrón. Veíamos los grandes glaciares que cubren la zona del Olivares. Veíamos la Mina que tan de cerca los amenaza. Avisamos por radio al otro grupo que estábamos en la cumbre, instante en el cual se nos fue la batería.

Siendo un poco más de las 2 pm, era el momento de empezar a bajar. No tardamos  mucho en llegar a la antecumbre (habiéndonos juntado con Rodrigo, quién decidió esperarnos unos metros antes de la cumbre) y descender por eso acarreos  hasta  la entrada del Glaciar del Rincón. Esta vez, decidimos optar por abordarlo directamente por los penitentes, que a esa altura del día estaban más blandos, pero también más profundos. Con mucha paciencia y mentalizados en que tardaríamos en salir de ellos, nos fuimos abriendo camino. Sus formas eran bellas y su profundidad fácilmente alcanzaba el metro.

Escuchábamos las rocas desprendiéndose desde las partes superiores de los cerros, y el agua fluyendo cada vez con mayor intensidad. Al sortear los penitentes la parte del glaciar que en la mañana parecía pétrea e inmóvil, ahora parecía tener vida propia. El sol había cambiado su textura y múltiples flujos de agua escurrían sobre su superficie y bajo ella, en un intrincado laberinto que inexorablemente reunía el agua al final del glaciar, finalmente transitaba bajo un nevero y reaparecía con fuerza en el plateau.

Ya fuera del glaciar, nos juntamos con Cata, Gonzalo y Christian, lo que fue un alivio pues pudimos comunicarnos con el campamento y avisar que todo iba bien. Los neveros ya no ameritaban crampones y el estado de la nieve permitía bajar rápidamente. Una vez en el acarreo final, el Glaciar la Paloma, antes tenue, aparecía vívidamente ante nuestros ojos, depositando un enorme flujo de agua hacia el valle y de vez en cuando, arrojando rocas hacia la parte inferior.

Seguimos recorriendo las morrenas hasta el estero, que, siendo las 7:30 pm, y luego de todo un día de sol, venía bastante crecido. Pablo encontró el preciso y muy probablemente único lugar donde era posible llegar a la otra orilla. Todos cruzamos sin percance y continuamos al campamento, al que llegamos pasadas las 8 pm. Allí nos abrazamos con quienes nos esperaban. ¡Si hasta comida lista hubo en algunos casos!. El resto de lo poco de día que quedaba fue seguir comiendo, y cuando ya oscureció, mirar las estrellas.

Al día siguiente, a las 9 am y mientras desayunamos, hicimos la evaluación de la salida. Básicamente se rescató el hecho de haberse cumplido el objetivo principal, que es llegar la cumbre de la montaña, y volver bien el campamento. También el hecho de que si bien nos separamos en dos grupos, estos iban bien compactos entre sí. Como punto en contra fue que no hubo suficiente fluidez con las radios, y que una de ellas se nos descargó.

Después, como había ciertos compromisos personales de algunos compañeros, nos despedimos de los demás y partimos rumbo a los autos mirando hacia atrás constantemente, observando el cerro con otros ojos y felices de lo logrado. O más que de lo logrado, de lo vivido. ¡A preparar las siguientes aventuras!.

Cordadas: Espe / Pablo Azúa

                    Pablo Díaz / Mati

                    Nico / Pablo Corada / Isma

                    Gonzalo / Christian

                    Mane / Max

                    Cata / Magda

                    Rodrigo / Ariel / Gastón

 

 

 

 

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